Trastorno por atracón: síntomas, causas y cómo se trata
Por el equipo de Psicología y Psicoterapia Miguel Ángel, centro sanitario de psicología en Bilbao con consulta desde 1981.
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El trastorno por atracón consiste en episodios repetidos en los que se come, en poco tiempo, una cantidad de comida claramente mayor de la que comería la mayoría de la gente, con sensación de no poder parar, y sin conductas para compensarlo después. Es el trastorno de la conducta alimentaria más frecuente, y el que menos se diagnostica, porque quien lo sufre suele creer que su problema es de fuerza de voluntad. No lo es, y tiene tratamiento.
¿Qué es el trastorno por atracón?
Los manuales diagnósticos lo definen por tres elementos. Primero, los episodios de atracón, en los que se come en un periodo corto, de unas dos horas, una cantidad claramente superior a la habitual, con sensación de pérdida de control. Segundo, la frecuencia, de al menos una vez por semana durante tres meses. Tercero, el malestar, porque los episodios van acompañados de vergüenza, culpa o disgusto, y suelen ocurrir a solas, a menudo sin hambre y hasta sentirse incómodamente lleno (American Psychiatric Association, 2022).
Lo que lo distingue de la bulimia es lo que no ocurre después, ya que no hay vómitos, laxantes, ayunos ni ejercicio compensatorio. Y lo que lo distingue de comer mucho en una celebración es la pérdida de control y el malestar posterior. Cenar de más en Nochebuena no es un atracón; comerse a escondidas lo que había en la despensa un martes, sin hambre y sin poder parar, sí puede serlo.
Es más frecuente de lo que se cree
En las encuestas de salud mental de la Organización Mundial de la Salud, con 24.124 personas de 14 países, el trastorno por atracón resultó ser más frecuente que la bulimia en todos los países estudiados, con un 1,4 % de la población a lo largo de la vida, frente al 0,8 % de la bulimia (Kessler et al., 2013). Aun así, es el trastorno alimentario del que menos se habla y el que más tarde llega a consulta.
Hay dos razones. La primera es que no encaja con la imagen que la gente tiene de un trastorno alimentario, porque no se asocia a delgadez extrema y afecta también a hombres, en una proporción mayor que otros trastornos de la alimentación. La segunda es la vergüenza. En consulta es habitual que una persona lleve diez o quince años con atracones y nunca se lo haya contado a nadie, ni siquiera a su médico. Ha hecho dietas, ha probado aplicaciones, ha «empezado el lunes» cientos de veces. Ha buscado la solución en el sitio equivocado, porque el problema nunca fue de información sobre alimentación.
Cómo saber si lo que te pasa es un trastorno por atracón
Las señales que vemos con más frecuencia, y que la persona rara vez identifica como un problema tratable:
- Comes grandes cantidades en poco tiempo con la sensación de que algo se ha disparado y no puedes parar.
- Lo haces a solas o a escondidas, y organizas la compra o los horarios para que nadie lo note.
- No tienes hambre cuando empieza, y sigues cuando ya estás incómodamente lleno.
- Después aparece la culpa, la vergüenza o el enfado contigo mismo, y muchas veces la decisión de «compensar» restringiendo al día siguiente.
- Ocurre al menos una vez por semana, desde hace meses.
- Tu estado de ánimo, tu autoestima o tus planes dependen de si «lo has hecho bien» con la comida.
Si te reconoces en cuatro o más, merece la pena una valoración con un profesional especializado en conducta alimentaria. No para ponerte una etiqueta, sino porque el tratamiento existe y funciona.
Por qué la restricción alimenta el atracón
La idea más extendida es que la persona con atracones «come demasiado» y por tanto la solución es comer menos. La evidencia dice justo lo contrario. Hace cuatro décadas, Polivy y Herman (1985) mostraron que hacer dieta precede a los atracones, no al revés, y propusieron un mecanismo. Cuando se sustituye la regulación fisiológica del hambre por reglas mentales («esto no», «hasta aquí», «hoy no ceno»), cualquier cosa que rompa esas reglas desinhibe la conducta. Una emoción, un «ya que», una comida social. El atracón es, en buena parte, la respuesta del organismo a la restricción.
Esto tiene una consecuencia práctica que sorprende a casi todo el mundo. El tratamiento del trastorno por atracón empieza por comer más regularmente, no por comer menos. Puedes leer más sobre este mecanismo en nuestro artículo sobre comer por ansiedad, donde explicamos por qué las emociones disparan la ingesta sobre todo en quien está restringiendo.
Pensemos, por ejemplo, en un hombre de 41 años convencido de que su problema es «no tener disciplina». Desayuna un café, come una ensalada y a las once de la noche vacía la nevera, y lleva así ocho años. En casos así, introducir tres comidas y dos tentempiés al día suele reducir mucho los atracones nocturnos en pocas semanas, antes incluso de trabajar nada más. El problema no era la disciplina, sino el hambre acumulada.
Qué tratamiento funciona
La terapia cognitivo-conductual centrada en la conducta alimentaria es el tratamiento con más evidencia. Un metaanálisis de 81 ensayos clínicos con más de 7.500 participantes encontró efectos grandes sobre la frecuencia de los atracones y sobre la remisión completa (Hilbert et al., 2019). Las revisiones más recientes la siguen situando como tratamiento de elección, junto con la terapia interpersonal, con beneficios que se mantienen tras el tratamiento; señalan también que los programas conductuales de estilo de vida bien estructurados obtienen reducciones de atracones parecidas, con una pérdida de peso modesta añadida (Grilo y Juarascio, 2023). La diferencia decisiva no está en si se habla de peso o no, sino en si se estructuran las comidas y se trabaja la conducta, o si se impone una restricción. La restricción por cuenta propia es lo que mantiene el ciclo.
Conviene ser honesto con los números. En el conjunto de los ensayos publicados, en torno a la mitad de los pacientes deja de tener atracones por completo al terminar el tratamiento (Linardon, 2018). La otra mitad mejora sin llegar a la remisión total. No es una cura garantizada, pero es una reducción muy grande de algo que llevaba años sin cambiar, y las personas que continúan trabajando después del tratamiento siguen mejorando.
En consulta el trabajo sigue un orden. Primero, comidas regulares, con tres principales y dos o tres tentempiés, sin saltarse ninguna aunque haya habido un atracón la noche anterior. Segundo, registros para identificar qué situaciones, horas y emociones preceden a los episodios. Tercero, otras formas de responder a esas emociones. Cuarto, reintroducción planificada de los alimentos prohibidos, para que dejen de tener el poder que da la prohibición. Quinto, el trabajo con la imagen corporal y con la báscula, que suele ser lo que mantiene la restricción en marcha. Cuando hay una condición médica, coordinamos con el médico o el dietista-nutricionista, pero el orden se respeta y primero se recupera una relación normal con la comida.
¿Y la medicación?
Existen fármacos con indicación para el trastorno por atracón en algunos países, y los medicamentos para perder peso de tipo GLP-1 se han empezado a usar en personas con atracones. Desde la perspectiva psicológica, la cuestión es la misma en todos los casos. El fármaco puede reducir el «ruido» de comida mientras se toma, pero no enseña a la persona a comer con regularidad ni a manejar lo que disparaba los episodios. Sin ese trabajo, al retirarlo el patrón tiende a volver. Es un tema que tratamos en nuestro artículo sobre Ozempic y el efecto rebote. La decisión sobre la medicación corresponde al médico; la terapia trabaja lo que la medicación no cubre.
¿Cuándo pedir ayuda?
No hace falta cumplir todos los criterios. Conviene consultar si:
- Tienes episodios de pérdida de control con la comida de forma repetida.
- Escondes lo que comes o cómo lo comes.
- Has encadenado dietas y cada vez el descontrol posterior ha sido mayor.
- Tu ánimo y tu valía dependen de lo que comiste o de lo que marca la báscula.
- Llevas más de tres meses así.
En la unidad de trastornos alimentarios de nuestro centro de Bilbao tratamos el trastorno por atracón con terapia especializada, presencial y online. Puedes ver cómo trabajamos en la página de trastornos de la conducta alimentaria o escribirnos para una primera consulta.
Preguntas frecuentes
¿Cuál es la diferencia entre trastorno por atracón y bulimia?
En los dos hay atracones con pérdida de control. La diferencia está en lo que ocurre después. En la bulimia hay conductas para compensar (vómitos, laxantes, ayuno, ejercicio excesivo); en el trastorno por atracón no las hay. Por eso el trastorno por atracón se asocia con más frecuencia a sobrepeso, aunque puede darse con cualquier peso.
¿El trastorno por atracón se cura?
Tiene tratamiento eficaz. Con terapia cognitivo-conductual, alrededor de la mitad de las personas deja de tener atracones por completo y la mayoría del resto los reduce de forma importante. Cuanto antes se trate, mejor, porque los patrones de años son más resistentes que los de meses.
¿Tengo que hacer dieta para dejar de tener atracones?
No. Es lo contrario. La dieta y la restricción son el principal desencadenante de los atracones, y el tratamiento empieza precisamente por comer con regularidad y sin alimentos prohibidos. Si además hay un objetivo de salud relacionado con el peso, se aborda después, cuando la relación con la comida se ha estabilizado, y siempre coordinado con el médico.
¿Los hombres también tienen trastorno por atracón?
Sí, y en mayor proporción que en otros trastornos alimentarios. Es uno de los motivos por los que se diagnostica tarde, ya que ni ellos ni su entorno suelen pensar que un hombre pueda tener un trastorno de la alimentación, y el problema se atribuye a «comer mucho» o a «falta de control».
Referencias
- American Psychiatric Association. (2022). Diagnostic and statistical manual of mental disorders (5th ed., text rev.). https://doi.org/10.1176/appi.books.9780890425787
- Grilo, C. M., & Juarascio, A. S. (2023). Binge-eating disorder interventions: Review, current status, and implications. Current Obesity Reports, 12(3), 406–416. https://doi.org/10.1007/s13679-023-00517-0
- Hilbert, A., Petroff, D., Herpertz, S., Pietrowsky, R., Tuschen-Caffier, B., Vocks, S., & Schmidt, R. (2019). Meta-analysis of the efficacy of psychological and medical treatments for binge-eating disorder. Journal of Consulting and Clinical Psychology, 87(1), 91–105. https://doi.org/10.1037/ccp0000358
- Kessler, R. C., Berglund, P. A., Chiu, W. T., Deitz, A. C., Hudson, J. I., Shahly, V., … Xavier, M. (2013). The prevalence and correlates of binge eating disorder in the World Health Organization World Mental Health Surveys. Biological Psychiatry, 73(9), 904–914. https://doi.org/10.1016/j.biopsych.2012.11.020
- Linardon, J. (2018). Rates of abstinence following psychological or behavioral treatments for binge-eating disorder: Meta-analysis. International Journal of Eating Disorders, 51(8), 785–797. https://doi.org/10.1002/eat.22897
- Polivy, J., & Herman, C. P. (1985). Dieting and binging: A causal analysis. American Psychologist, 40(2), 193–201. https://doi.org/10.1037/0003-066X.40.2.193