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Vigorexia: qué es, síntomas y cómo se trata la dismorfia muscular

Vigorexia: qué es, síntomas y cómo se trata la dismorfia muscular

Por el equipo de , centro sanitario de psicología en Bilbao con consulta desde 1981.

Revisado en · 10 min de lectura

La vigorexia es una preocupación obsesiva por no ser lo bastante musculoso, que se mantiene aunque el cuerpo esté claramente desarrollado. Su nombre clínico es dismorfia muscular, y los manuales diagnósticos la recogen como una forma del trastorno dismórfico corporal. No consiste en entrenar mucho. La diferencia está en cómo se ve la persona en el espejo, en lo que siente el día que no puede entrenar y en todo lo que sacrifica para no perder músculo.

¿Qué es la vigorexia?

El término surgió a principios de los noventa. En un estudio con 108 culturistas, el equipo de Harrison Pope, en Harvard, describió a hombres muy musculados que se veían pequeños y débiles, y lo llamó anorexia inversa, por tratarse de la misma distorsión de la imagen corporal que en la anorexia, pero en sentido contrario (Pope et al., 1993). Cuatro años después, el mismo grupo lo rebautizó como dismorfia muscular, lo describió como una forma poco reconocida del trastorno dismórfico corporal y advirtió de que podía causar un malestar intenso, deterioro en la vida social y laboral y consumo de esteroides anabolizantes (Pope et al., 1997).

Hoy el manual diagnóstico de la Asociación Americana de Psiquiatría la incluye como una especificación del trastorno dismórfico corporal. Se diagnostica este trastorno «con dismorfia muscular» cuando la preocupación se centra en que el cuerpo es demasiado pequeño o poco musculoso (American Psychiatric Association, 2022). «Vigorexia» es el nombre popular en castellano, y es el que usamos en consulta porque es el que la gente reconoce.

¿Es lo mismo que ir mucho al gimnasio?

No, y conviene dejarlo claro porque el término se usa a menudo como broma para cualquiera que entrene con constancia. Entrenar cinco días por semana, cuidar la alimentación o querer ganar masa muscular no es un problema. Lo que define la vigorexia es la relación que se establece con el cuerpo y con el entrenamiento.

Entrenar con constanciaVigorexia
Cómo se veCon una imagen bastante ajustada a la realidadPequeño o poco musculado, aunque no lo sea
Si falta un díaContrariedad, sin másAnsiedad intensa, sensación de estar perdiendo músculo
AlimentaciónCuidada, pero flexibleRígida, calculada al gramo, vivida con angustia si se rompe
Vida socialSe adapta a los planesSe renuncia a planes, cenas o viajes que alteren la rutina
Lesiones y cansancioSe descansaSe entrena igual, a pesar del dolor

Síntomas y señales de la vigorexia

Las señales que vemos con más frecuencia, y que la persona rara vez reconoce como un problema:

  • Mirarse al espejo muchas veces al día para comprobar el tamaño, o evitar los espejos por no soportar lo que se ve.
  • Medirse, pesarse o compararse con otros de forma constante, en el gimnasio o en redes sociales.
  • Usar ropa ancha o varias capas para parecer más grande, o evitar la playa y los vestuarios.
  • Organizar la vida alrededor del entrenamiento y de las comidas, hasta dejar de lado el trabajo, los estudios o la pareja.
  • Entrenar lesionado, enfermo o agotado, porque parar se vive como una pérdida.
  • Consumir suplementos en exceso o plantearse usar esteroides anabolizantes.

Muchas de estas conductas, como comprobar, compararse, camuflar y evitar, son las mismas que se ven en el trastorno dismórfico corporal. Alivian la ansiedad durante un rato y, precisamente por eso, mantienen el problema.

Pensemos, por ejemplo, en un chico de 24 años que acude a consulta porque su pareja le ha dado un ultimátum, ya que llevan seis meses sin salir a cenar porque él no come fuera de su plan. Mide un metro ochenta y levanta más peso que casi nadie en su gimnasio, pero si se le pregunta cómo se ve, responde sin dudar que «delgado». No lo dice para que le lleven la contraria. Es lo que ve.

Por qué aparece

No hay una causa única, y la investigación todavía tiene mucho camino por recorrer. Una revisión de referencia reconoce que gran parte de lo que se sabe procede de muestras no clínicas y de estudios pequeños, y que se conoce bien cómo son estas personas pero bastante menos por qué desarrollan el problema (Tod et al., 2016).

En la práctica clínica solemos encontrar varios ingredientes que se combinan, como haber interiorizado un ideal de cuerpo muy musculado, reforzado hoy por las redes sociales; rasgos de perfeccionismo y necesidad de control; una autoestima que depende casi por completo del aspecto; y, a veces, experiencias previas de sentirse débil, pequeño o criticado por el cuerpo. El gimnasio no causa la vigorexia, pero ofrece un terreno donde esa necesidad de control encuentra una forma muy medible de expresarse.

Consecuencias y riesgo de los esteroides

La consecuencia más grave de la vigorexia es el consumo de esteroides anabolizantes, que ya señalaba el estudio original de 1997. Los datos españoles lo confirman. En un estudio de la Universidad de Castilla-La Mancha con 134 personas con dismorfia muscular, alrededor de la mitad usaba esteroides anabolizantes, en proporciones similares en hombres y en mujeres (González-Martí et al., 2018). Son sustancias con riesgos importantes para la salud, y su uso requiere siempre valoración médica.

El mismo estudio desmonta además una idea extendida, ya que casi un 30 % de las personas con dismorfia muscular de la muestra eran mujeres. La vigorexia es más frecuente en hombres, pero no exclusiva de ellos.

Al consumo de sustancias se suman las lesiones por no respetar el descanso, el aislamiento social, los conflictos de pareja y un estado de ánimo que sube y baja según cómo haya ido el entrenamiento o lo que haya devuelto el espejo ese día.

Vigorexia y ortorexia

Aparecen juntas con frecuencia. La ortorexia es la obsesión por comer de forma «sana» o «limpia», con reglas cada vez más estrictas sobre qué alimentos se permiten. No figura como diagnóstico en los manuales, pero describe un patrón que vemos en consulta. En el contexto del gimnasio, la vigorexia marca el objetivo (más músculo, menos grasa) y la ortorexia se convierte en el método, con dietas rígidas, alimentos prohibidos y angustia cuando algo se sale del plan. Esa rigidez con la comida es la que acerca la vigorexia a los trastornos de la conducta alimentaria, y por eso se trata con frecuencia en unidades especializadas en alimentación.

Lo que dice la evidencia sobre el tratamiento

Como la vigorexia se considera una forma del trastorno dismórfico corporal, el tratamiento se apoya en lo que ha demostrado funcionar en ese trastorno. Un metaanálisis de siete ensayos clínicos con 299 participantes encontró que la terapia cognitivo-conductual reduce de forma importante los síntomas del trastorno dismórfico corporal frente a la lista de espera o a otros tratamientos psicológicos de control, con mejoras que se mantenían meses después, y que mejora también el estado de ánimo (Harrison et al., 2016). Los autores subrayan además que, sin tratamiento, este trastorno rara vez remite solo.

Hay dos ideas extendidas que no se sostienen. La primera, que «se le pasará cuando consiga el cuerpo que busca». El objetivo se desplaza en cuanto se alcanza, porque el problema no está en el músculo sino en la forma de mirarlo. La segunda, que basta con dejar el gimnasio. Prohibir el ejercicio no trata la distorsión de la imagen corporal, y suele desplazar la ansiedad a otra conducta.

Cómo se trabaja en consulta

El tratamiento no busca que la persona deje de entrenar, sino que el entrenamiento deje de gobernar su vida. Se empieza por entender qué mantiene el problema, es decir, qué comprobaciones hace, qué evita, qué reglas sigue y qué teme que ocurra si las rompe.

A partir de ahí, el trabajo es concreto. Se reducen de forma gradual las comprobaciones en el espejo, las mediciones y las comparaciones. Se flexibilizan las reglas de alimentación y de entrenamiento, introduciendo días de descanso y comidas fuera del plan, y se comprueba que no ocurre lo que se temía. Se trabaja la forma en que la persona interpreta su cuerpo y el peso que el aspecto tiene en su autoestima. Y se recuperan poco a poco las áreas de la vida que había dejado de lado. Si hay consumo de esteroides u otras sustancias, se coordina con el médico.

¿Cuándo pedir ayuda?

Conviene consultar si reconoces varias de estas situaciones:

  • Te ves pequeño o poco musculado aunque los demás te digan lo contrario.
  • Faltar un día al gimnasio o saltarte una comida del plan te genera una ansiedad difícil de manejar.
  • Has dejado planes, relaciones o responsabilidades por el entrenamiento o la dieta.
  • Entrenas aunque estés lesionado o enfermo.
  • Estás usando o te estás planteando usar esteroides anabolizantes.

En la unidad de trastornos alimentarios de nuestro centro de Bilbao tratamos la vigorexia y los problemas de imagen corporal, en consulta presencial y online. Puedes ver cómo trabajamos en la página de trastornos de la conducta alimentaria o escribirnos para una primera cita.

Preguntas frecuentes

¿Qué es la vigorexia en palabras sencillas?

Es una preocupación obsesiva por no ser lo bastante musculoso, que se mantiene aunque el cuerpo esté muy desarrollado. La persona se ve pequeña o débil, organiza su vida alrededor del entrenamiento y la dieta, y siente una ansiedad intensa cuando no puede cumplir su rutina. Su nombre clínico es dismorfia muscular.

¿La vigorexia es un trastorno alimentario?

No exactamente. Los manuales la clasifican como una forma del trastorno dismórfico corporal. Sin embargo, comparte con los trastornos alimentarios la distorsión de la imagen corporal y, muy a menudo, una alimentación rígida y controlada, por eso se trata con frecuencia en unidades especializadas en alimentación.

¿Cómo saber si tengo vigorexia?

La pista principal no es cuánto entrenas, sino cómo te afecta. Si te ves pequeño aunque no lo seas, si faltar un día te genera ansiedad, si has dejado planes o relaciones por la rutina o si entrenas lesionado, conviene una valoración con un profesional. Solo una evaluación clínica puede confirmar el diagnóstico.

¿La vigorexia tiene cura?

Tiene tratamiento eficaz. La terapia cognitivo-conductual, la misma que funciona en el trastorno dismórfico corporal, reduce de forma importante los síntomas. El objetivo no es dejar el deporte, sino recuperar una relación flexible con el cuerpo, la comida y el entrenamiento. Sin tratamiento, rara vez remite por sí sola.

Referencias

  • American Psychiatric Association. (2022). Diagnostic and statistical manual of mental disorders (5th ed., text rev.). https://doi.org/10.1176/appi.books.9780890425787
  • González-Martí, I., Fernández-Bustos, J. G., Contreras Jordán, O. R., & Sokolova, M. (2018). Dismorfia muscular: detección del uso-abuso de esteroides anabolizantes androgénicos en una muestra española. Adicciones, 30(4), 243–250. https://doi.org/10.20882/adicciones.853
  • Harrison, A., Fernández de la Cruz, L., Enander, J., Radua, J., & Mataix-Cols, D. (2016). Cognitive-behavioral therapy for body dysmorphic disorder: A systematic review and meta-analysis of randomized controlled trials. Clinical Psychology Review, 48, 43–51. https://doi.org/10.1016/j.cpr.2016.05.007
  • Pope, H. G., Jr., Gruber, A. J., Choi, P., Olivardia, R., & Phillips, K. A. (1997). Muscle dysmorphia: An underrecognized form of body dysmorphic disorder. Psychosomatics, 38(6), 548–557. https://doi.org/10.1016/S0033-3182(97)71400-2
  • Pope, H. G., Jr., Katz, D. L., & Hudson, J. I. (1993). Anorexia nervosa and «reverse anorexia» among 108 male bodybuilders. Comprehensive Psychiatry, 34(6), 406–409. https://doi.org/10.1016/0010-440X(93)90066-D
  • Tod, D., Edwards, C., & Cranswick, I. (2016). Muscle dysmorphia: Current insights. Psychology Research and Behavior Management, 9, 179–188. https://doi.org/10.2147/PRBM.S97404

Publicado por

Psicología y Psicoterapia Miguel Ángel Centro sanitario de psicología en Bilbao · En consulta desde 1981

Equipo de psicólogos colegiados con consulta en Bilbao y atención online. Contenido elaborado y revisado por el equipo clínico del centro.

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