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Fases del duelo: qué dice la investigación sobre las cinco etapas

Por el equipo de , centro sanitario de psicología en Bilbao con consulta desde 1981.

Revisado en · 10 min de lectura

Las cinco fases del duelo (negación, ira, negociación, depresión y aceptación) son el modelo más conocido y también el peor entendido. Cuando se puso a prueba con datos, el duelo no resultó ser una escalera de etapas ordenadas. La aceptación es el estado más frecuente desde el primer mes y lo que más pesa no es la negación, sino la añoranza. Entender esto importa, porque muchas personas llegan a consulta creyendo que están haciendo mal su duelo por no sentir lo que el modelo dice que deberían sentir.

Antes de seguir, una aclaración. El duelo no aparece solo cuando muere alguien. Es la respuesta ante cualquier pérdida importante, como una separación, una enfermedad propia o de alguien cercano, la pérdida del trabajo, un cambio de país o el final de una etapa de la vida. Este artículo se centra en el duelo por fallecimiento, porque es el que analizan los estudios que citamos, pero muchas de sus ideas sirven también para otras pérdidas.

¿De dónde vienen las cinco fases?

El modelo procede del trabajo de Elisabeth Kübler-Ross, publicado en 1969. Hay un detalle importante que casi siempre se omite. No describía a personas en duelo, sino a enfermos terminales enfrentándose a su propia muerte. El salto de ahí al duelo por la pérdida de un ser querido lo dio la cultura popular, no la investigación, y se instaló con tanta fuerza que todavía hoy se enseña en facultades y se repite en consultas médicas.

Como marco para poner nombre a emociones difíciles tiene valor. Como descripción de lo que ocurre de verdad, la evidencia no lo sostiene.

Lo que ocurrió cuando se puso a prueba

En 2007, un equipo de la Universidad de Yale publicó en JAMA el primer examen empírico serio de la teoría de las etapas. Siguieron durante dos años a 233 personas que habían perdido a un ser querido. En lugar de clasificarlas por etapas, midieron en distintos momentos cinco reacciones propias del duelo. Cuatro de ellas son dolorosas (la incredulidad, la añoranza, la ira y la tristeza) y la quinta, la aceptación, refleja cómo la persona se va adaptando a la pérdida (Maciejewski et al., 2007).

Los resultados contradijeron el modelo en su punto central. Según la teoría, al principio debería predominar la incredulidad, y no fue así. La reacción más frecuente desde el primer momento fue la aceptación, que además fue creciendo con el tiempo. Y entre las reacciones dolorosas, la que más pesó durante los dos años no fue ninguna de las cinco fases célebres, sino la añoranza, es decir, echar de menos a la persona.

Sí encontraron un orden en el momento en que cada reacción era más intensa. La incredulidad es máxima al mes de la pérdida y decrece desde ahí, la añoranza alcanza su punto más alto hacia los cuatro meses, la ira hacia los cinco y la tristeza hacia los seis. Es decir, hay una secuencia, pero no son compartimentos por los que se pasa de uno en uno, sino intensidades que suben y bajan a la vez, sobre un fondo constante de echar de menos.

En consulta esto se traduce en algo muy concreto. Por ejemplo, una mujer de 60 años que haya perdido a su marido, y en la tercera sesión exprese que algo va mal en ella porque no ha pasado por la fase de negación. No le pasa nada extraño. Sencillamente, su duelo es similar al de la mayoría de las personas y no al del esquema que pueda haber leído.

Cuánto dura un duelo

No hay un plazo. Esta es probablemente la pregunta más frecuente y la que peor se responde en internet, donde circulan cifras de seis meses o de un año como si fueran un examen que hay que aprobar.

Lo que sí muestran los datos es una tendencia. En el estudio de Yale, las cuatro reacciones dolorosas alcanzaron su punto más alto dentro de los primeros seis meses y después fueron disminuyendo poco a poco. Pero eso es un promedio, y el promedio no describe a nadie en particular. La edad de la persona fallecida (no es lo mismo que muera alguien con 8 años, con 44 o con 88), el tipo de muerte y las circunstancias del fallecimiento, si fue esperada o repentina, la relación con la persona fallecida, la red de apoyo, la situación económica que deja la pérdida y la historia personal previa cambian por completo el recorrido.

También cambia según quién vive la pérdida. Los niños y los adolescentes elaboran el duelo a su manera, a menudo con reacciones que los adultos no reconocen como duelo, como irritabilidad, cambios en el colegio o preguntas que se repiten una y otra vez. Si te preocupa cómo lo está viviendo un menor, en nuestra página sobre el duelo y los cambios vitales en la infancia y la adolescencia explicamos cómo lo acompañamos.

Hay además un hallazgo que conviene conocer porque alivia mucha culpa. La respuesta más común ante una pérdida no es el derrumbe prolongado, sino la resiliencia. George Bonanno, tras revisar los estudios sobre pérdida y trauma, concluyó que un porcentaje considerable de personas mantiene un funcionamiento estable y sigue teniendo experiencias emocionales positivas incluso en pleno duelo, y que durante décadas la psicología interpretó esa capacidad como algo raro o incluso patológico, cuando es lo habitual (Bonanno, 2004).

Por eso, reírse a las tres semanas de un funeral no significa que no se quisiera a la persona, ni que el duelo esté «reprimido». Es lo que le pasa a mucha gente.

Dos ideas muy extendidas que la evidencia no respalda

«Hay que pasar por todas las fases para superarlo.» No existe esa secuencia obligatoria. Quien no siente ira no tiene un duelo incompleto, y quien vuelve a sentir tristeza después de meses encontrándose mejor no ha retrocedido de etapa. El duelo va en oleadas, y una fecha señalada, una canción o un olor pueden devolver la intensidad durante un rato.

«Hay que llorar mucho y hablarlo todo o saldrá peor después.» Esta es la idea del llamado trabajo de duelo, y Bonanno señala que los estudios que la examinaron directamente no la respaldaron; algunos incluso sugieren que forzar ese procesamiento puede ser contraproducente para determinadas personas (Bonanno, 2004). Hay quien elabora hablando y quien elabora haciendo. Ninguna de las dos formas es defectuosa.

Cuándo el duelo se complica

El duelo no es una enfermedad, y la mayoría de las personas lo atraviesa sin necesitar un tratamiento psicológico. En algunas, sin embargo, se queda estancado y, en lugar de ir cambiando con el tiempo, se mantiene igual de intenso o incluso aumenta. Los manuales diagnósticos incorporaron esta situación en 2022 con el nombre de duelo prolongado (American Psychiatric Association, 2022). Su inclusión generó debate, precisamente por el riesgo de convertir en enfermedad algo tan humano como echar de menos a alguien. Por eso conviene entenderla bien. No sirve para poner una etiqueta al dolor, sino para reconocer a quienes llevan mucho tiempo atrapados en él y pueden necesitar ayuda.

Las señales suelen ser reconocibles. Pasado un tiempo largo, normalmente más de un año, la añoranza sigue siendo tan intensa como al principio o la persona no consigue dejar de pensar en quien ha fallecido. Aparecen la sensación de que una parte de uno mismo se ha ido con esa persona, la dificultad para aceptar lo ocurrido, la evitación de todo lo que la recuerde, un vacío difícil de sostener o una soledad profunda. Y todo ello impide retomar la vida cotidiana.

Los estudios estiman que le ocurre a una minoría, entre el 4 % y el 11 % de las personas en duelo según las muestras (Prigerson et al., 2021). La gran mayoría elabora su pérdida con el tiempo y con el apoyo de los suyos. Para quienes se quedan estancados existe una ayuda específica que funciona.

Qué ayuda y qué no

Casi siempre ayudan el tiempo, la red de apoyo, poder hablar de la persona fallecida sin que el entorno cambie de tema, mantener rutinas básicas de sueño y actividad, y permitirse que el duelo venga en oleadas sin interpretarlo como un retroceso.

Suelen complicarlo evitar sistemáticamente todo lo que recuerde a la persona (fotos, lugares, su nombre), aislarse, apoyarse en el alcohol para dormir o para no pensar, y la presión del entorno para «pasar página» en un plazo determinado.

La terapia no tiene como objetivo olvidar y dejar de sentir, sino poder recordar sin que duela de forma insoportable, recuperar poco a poco la vida que la pérdida dejó en suspenso y, en caso de experimentar una evitación intensa, volver a aproximarse gradualmente a lo que se está esquivando.

¿Cuándo pedir ayuda?

Conviene consultar si, pasados varios meses, reconoces varias de estas situaciones:

  • La intensidad no baja nada con el tiempo, o incluso aumenta.
  • Evitas todo lo que te recuerde a esa persona, o al contrario, no puedes pensar en otra cosa.
  • Has dejado el trabajo, los estudios o las relaciones y no consigues retomarlos.
  • Aparecen culpa intensa, sensación de que la vida no tiene sentido o ideas de no querer seguir.
  • Estás usando alcohol o medicación por tu cuenta para sobrellevarlo.

En nuestro centro de Bilbao acompañamos procesos de duelo con terapia individual, presencial y online. Puedes ver cómo trabajamos en la página de terapia para el duelo y los procesos de pérdida o escribirnos para una primera consulta.

Si en algún momento aparecen ideas de hacerte daño, no esperes a una cita. Puedes llamar al 024, la línea de atención a la conducta suicida, disponible las 24 horas y gratuita, o al 112.

Preguntas frecuentes

¿Cuáles son las 5 fases del duelo?

Negación, ira, negociación, depresión y aceptación. Proceden del modelo de Kübler-Ross, formulado a partir de enfermos terminales y no de personas en duelo. Sirven para poner nombre a emociones frecuentes, pero la investigación no ha confirmado que se atraviesen en ese orden ni que todas aparezcan.

¿Es normal no pasar por alguna de las fases?

Sí, es lo habitual. En el estudio de Yale, la incredulidad no predominó al principio y la aceptación estuvo presente desde el primer momento. Lo más constante a lo largo del tiempo fue la añoranza. No sentir ira o no negar la pérdida no indica que el duelo vaya mal.

¿Cuánto tiempo dura el duelo?

No hay un plazo válido para todos. Los estudios muestran que las reacciones más dolorosas suelen ser más intensas durante los primeros seis meses y disminuir después, pero el recorrido depende de las circunstancias de la pérdida, del apoyo disponible y de la historia de cada persona. Lo relevante no es cuánto dura, sino si va cambiando y si permite ir retomando la vida.

¿Cuándo hay que ir al psicólogo por un duelo?

Cuando con el paso de los meses el dolor no cambia y sigue impidiendo hacer vida, cuando se evita todo lo que recuerda a la persona o aparece un aislamiento marcado, cuando surgen una culpa intensa o ideas de no querer seguir, o sencillamente cuando sientes que te vendría bien hablarlo con alguien. No hace falta que el duelo se haya complicado para pedir acompañamiento.

Referencias

  • American Psychiatric Association. (2022). Diagnostic and statistical manual of mental disorders (5th ed., text rev.). https://doi.org/10.1176/appi.books.9780890425787
  • Bonanno, G. A. (2004). Loss, trauma, and human resilience: Have we underestimated the human capacity to thrive after extremely aversive events? American Psychologist, 59(1), 20–28. https://doi.org/10.1037/0003-066X.59.1.20
  • Maciejewski, P. K., Zhang, B., Block, S. D., & Prigerson, H. G. (2007). An empirical examination of the stage theory of grief. JAMA, 297(7), 716–723. https://doi.org/10.1001/jama.297.7.716
  • Prigerson, H. G., Boelen, P. A., Xu, J., Smith, K. V., & Maciejewski, P. K. (2021). Validation of the new DSM-5-TR criteria for prolonged grief disorder and the PG-13-Revised (PG-13-R) scale. World Psychiatry, 20(1), 96–106. https://doi.org/10.1002/wps.20823

Publicado por

Psicología y Psicoterapia Miguel Ángel Centro sanitario de psicología en Bilbao · En consulta desde 1981

Equipo de psicólogos colegiados con consulta en Bilbao y atención online. Contenido elaborado y revisado por el equipo clínico del centro.

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