
Alimentación, cuerpo e imagen corporal
¿Nos pasa esto?
Nuestro hijo o hija:
- Muestra una preocupación constante por su cuerpo, su peso o su apariencia
- Habla mal de su cuerpo o se compara con otras personas con frecuencia
- Tiene miedo a engordar o a no gustar
- Evita ciertos alimentos o muestra rigidez con la comida
- Come con culpa, vergüenza o ansiedad
- Cambia su forma de comer según cómo se siente
- Se muestra insatisfecho/a con su imagen corporal pese a no existir un motivo médico
Ver estas señales puede generar mucha inquietud en las familias. Muchas se preguntan si es algo propio de la edad, si están exagerando o si conviene intervenir antes de que el malestar vaya a más.
Alimentación y cuerpo en el desarrollo
Durante la infancia y, especialmente, en la adolescencia, el cuerpo cambia. Estos cambios pueden generar dudas, inseguridad y comparaciones constantes. Vivimos además en un contexto social donde el cuerpo, la imagen y el peso reciben mucha atención y juicio.
Es normal que aparezcan momentos de incomodidad corporal o preocupación puntual. El problema aparece cuando:
- la relación con la comida se vuelve rígida o conflictiva
- el cuerpo se vive como un problema constante
- la imagen corporal condiciona el estado de ánimo o la autoestima
- aparecen conductas de control, evitación o culpa
- el malestar interfiere en la vida cotidiana
En estos casos, no hablamos solo de “manías” o “cosas de la edad”, sino de un malestar que conviene atender.
Cómo se manifiestan estas dificultades
Las dificultades relacionadas con la alimentación y la imagen corporal pueden expresarse de muchas maneras, por ejemplo:
- comentarios negativos recurrentes sobre el propio cuerpo
- comparación constante con iguales o con referentes de redes sociales
- evitación de situaciones sociales (piscina, vestuarios, comidas compartidas)
- rigidez con ciertos alimentos o miedo a comer “mal”
- cambios de humor ligados a la comida o al cuerpo
- sensación de pérdida de control o culpa tras comer
A menudo, el sufrimiento no se verbaliza directamente, pero se manifiesta en la conducta, el ánimo o la relación con los demás.
Alimentación, cuerpo y otros aspectos relacionados
Estas dificultades no suelen aparecer de forma aislada. Pueden convivir con:
- baja autoestima y/o dificultades en las relaciones con iguales
- ansiedad o miedos
- tristeza o desmotivación
- uso intenso de redes sociales
- experiencias de burla, crítica o presión externa
Por eso, es importante comprender el contexto global del menor y no centrarse únicamente en la comida o el cuerpo como si fueran el único problema.
Alimentación e imagen corporal y trastornos de la conducta alimentaria (TCA)
En algunos casos, estas dificultades pueden formar parte o evolucionar hacia un trastorno de la conducta alimentaria (TCA), como la anorexia nerviosa, la bulimia nerviosa, el trastorno por atracón u otros cuadros relacionados con la restricción, los atracones o purgas (como vómitos, laxantes o ejercicio excesivo).
Es importante señalar que los TCA no suelen aparecer de forma repentina, sino que a menudo se desarrollan a partir de una relación cada vez más conflictiva con la comida, el cuerpo y la autoexigencia. Por eso, muchas de las señales descritas anteriormente pueden estar presentes mucho antes de que exista un diagnóstico claro.
Detectar y abordar estas dificultades en fases tempranas facilita intervenciones menos intensivas, reduce el sufrimiento y mejora el pronóstico en los trastornos de la conducta alimentaria.
¿Cuándo conviene pedir ayuda?
Puede ser buen momento para consultar cuando:
- la preocupación por el cuerpo o la comida es persistente
- aparecen culpa, vergüenza o angustia al comer
- hay rigidez, evitación o control excesivo
- el malestar afecta al estado de ánimo, las relaciones o el día a día
- como familia sentís que el tema ocupa demasiado espacio
- o existen dudas sobre si puede tratarse de un problema alimentario más serio
No es necesario que exista un diagnóstico ni llegar a estar muy mal para pedir ayuda. Abordar estas dificultades a tiempo puede prevenir que se cronifiquen y suele facilitar procesos de recuperación más tempranos y menos complejos.
¿Cómo trabajamos la alimentación y la imagen corporal en psicoterapia?
El objetivo de la terapia no es imponer normas alimentarias ni centrarse en el peso, sino ayudar al niño, niña o adolescente a construir una relación más segura, flexible y respetuosa con la comida y con su propio cuerpo.
En los casos de infancia y adolescencia, el proceso comienza habitualmente con una primera entrevista con madres y padres, donde recogemos información sobre el desarrollo del menor, el contexto familiar, social y escolar, y cómo se está viviendo la dificultad.
En las siguientes sesiones conocemos y evaluamos al menor, adaptándonos a su edad y forma de expresarse. Este espacio no es solo evaluativo: sentirse escuchado/a y comprendido/a suele tener ya un efecto terapéutico.
Posteriormente realizamos una devolución a la familia y acordamos conjuntamente cómo continuar el trabajo, en función de cada caso.
En las primeras sesiones trabajamos en:
- comprender cómo se vive la relación con la comida y el cuerpo
- identificar patrones que generan malestar
- conocer el contexto emocional, familiar y social
A partir de ahí, el trabajo terapéutico se orienta a:
- reducir la culpa y el conflicto con la comida
- mejorar la relación con el propio cuerpo
- flexibilizar normas y exigencias internas
- fortalecer la autoestima y la identidad
- acompañar a madres y padres en cómo sostener el proceso
El proceso se adapta a la edad, las características del niño, niña o adolescente y a la situación familiar.
Acompañar también es cuidarse
Muchas familias conviven con estas preocupaciones pensando que “ya se le pasará” o que es algo normal de la adolescencia. Pedir ayuda no significa dramatizar ni etiquetar, sino querer acompañar mejor.
Si os sentís identificadas o identificados con lo que habéis leído, podéis escribirnos por WhatsApp y solicitar una primera cita. Valoraremos el caso con calma y veremos cómo acompañaros.
