Tristeza, desmotivación y ánimo bajo

¿Nos pasa esto?

Nuestro hijo o hija:

Se muestra triste, apagado/a o desmotivado/a gran parte del tiempo

  • Ha perdido interés por cosas que antes le gustaban
  • Está más irritable, sensible o distante de lo habitual
  • Tiene menos energía o ganas de hacer cosas
  • Se aísla más o pasa mucho tiempo solo/a
  • Expresa frases de desánimo, vacío o falta de ilusión
  • Parece no disfrutar con nada o vivir todo con desgana

Ver a un niño, niña o adolescente así suele generar mucha preocupación. Muchas familias sienten miedo, tristeza o culpa, y se preguntan si es “una etapa”, si están exagerando o si deberían hacer algo más.


Tristeza y desmotivación: cuándo forman parte del desarrollo y cuándo conviene atenderlo

A lo largo de la infancia y la adolescencia es normal atravesar momentos de tristeza, frustración o bajón emocional. El problema aparece cuando ese estado:

  • se mantiene en el tiempo
  • se vuelve intenso o persistente
  • interfiere en la vida diaria
  • afecta al colegio, las relaciones o la convivencia
  • genera un sufrimiento claro en el/la menor

En estos casos, no se trata de “falta de ganas” ni de debilidad, sino de un malestar emocional que necesita ser comprendido y acompañado.


Cómo se manifiesta el ánimo bajo en niños, niñas y adolescentes

El malestar emocional no siempre se expresa igual que en los adultos. En la infancia y adolescencia puede aparecer como:

  • apatía o desgana generalizada
  • irritabilidad o enfados frecuentes
  • aislamiento o retraimiento social
  • quejas físicas (dolor de cabeza, barriga, cansancio)
  • bajo rendimiento o desmotivación escolar
  • dificultad para disfrutar o ilusionarse

A veces el malestar no se verbaliza, pero se hace visible en los cambios de comportamiento.


Tristeza, desmotivación y otros aspectos relacionados

El ánimo bajo puede aparecer junto a:

Por eso, es importante comprender el contexto global del menor y no reducirlo todo a “está triste” o “está pasando una mala racha”.


¿Cuándo conviene pedir ayuda?

Puede ser buen momento para consultar cuando:

  • la tristeza o apatía no remiten con el tiempo
  • el/la menor se aísla o se apaga progresivamente
  • hay un impacto claro en su día a día
  • aparecen expresiones de vacío, inutilidad o desesperanza
  • como familia sentís que no sabéis cómo ayudar

No es necesario esperar a que el malestar sea muy intenso. Intervenir a tiempo puede evitar que se cronifique y favorecer un desarrollo emocional más saludable.


¿Cómo trabajamos la tristeza y el ánimo bajo en psicoterapia?

El objetivo de la terapia no es “animar” ni forzar un estado emocional diferente, sino ayudar al niño, niña o adolescente a comprender lo que le está pasando, poner palabras al malestar y recuperar poco a poco conexión, motivación y sentido.
En los casos de infancia y adolescencia, el trabajo comienza habitualmente con una primera entrevista con madres y padres, en la que recogemos información sobre el momento vital, el contexto familiar y escolar, y cómo se está viviendo la situación.
En las siguientes sesiones conocemos y evaluamos al menor, adaptándonos a su edad y forma de expresarse. Este espacio no es solo evaluativo: muchas veces el vínculo, la escucha y el sentirse comprendido ya tienen un efecto terapéutico.
Posteriormente realizamos una devolución a la familia y acordamos conjuntamente cómo continuar el trabajo, en función de cada caso.
En las primeras sesiones trabajamos en:

  • comprender cómo se expresa el ánimo bajo
  • identificar factores que lo mantienen
  • conocer el contexto emocional, familiar y social

A partir de ahí, el trabajo terapéutico se orienta a:

  • favorecer la expresión emocional
  • recuperar actividades y vínculos significativos
  • fortalecer la autoestima y la sensación de valía
  • acompañar a madres y padres en cómo sostener el proceso
  • ayudar a construir una narrativa más amable sobre lo que ocurre

El proceso se adapta a la edad, las características del menor y la situación familiar.


Acompañar también es cuidarse

Muchas familias conviven con el ánimo bajo de sus hijos e hijas esperando que “ya se le pasará”. Pedir ayuda no significa alarmarse, sino querer comprender y acompañar mejor.
Si os sentís identificadas o identificados con lo que habéis leído, podéis escribirnos por WhatsApp y solicitar una primera cita. Valoraremos el caso con calma y veremos cómo acompañaros.

El trabajo se desarrolla con rigor, criterio y responsabilidad, integrando experiencia
y formación continua para ajustar cada intervención a la realidad de la persona.

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