Dificultades emocionales y de conducta

¿Nos pasa esto?

Nuestro hijo o hija:

  • Tiene rabietas frecuentes o muy intensas para su edad
  • Reacciona con mucha impulsividad, enfado o frustración
  • Le cuesta regular sus emociones y “se desborda” con facilidad
  • Pasa rápidamente de la calma al enfado o al llanto
  • Desobedece de forma constante o entra en luchas de poder
  • Parece estar siempre “a la defensiva” o muy irritable
  • Después se siente mal, culpable o no entiende qué le ha pasado

Acompañar estas situaciones puede resultar muy agotador. Muchas familias se sienten desbordadas, cuestionadas o dudan continuamente si están actuando bien, si “es una etapa” o si algo no va como debería.


Dificultades en la regulación emocional y conductual: más allá del “se porta mal”

En la infancia y la adolescencia, las emociones todavía se están aprendiendo a reconocer, tolerar y expresar. Cuando un niño, niña o adolescente no cuenta aún con los recursos necesarios, ese malestar suele expresarse a través de la conducta.
Las dificultades emocionales y de conducta no aparecen “porque sí”. Suelen ser una forma de comunicar algo que no está pudiendo decirse de otro modo.
El problema aparece cuando:

  • las reacciones son muy intensas o frecuentes
  • interfieren en la convivencia familiar, el colegio o las relaciones
  • generan mucho malestar en el/la menor o en su entorno
  • se cronifican y parecen no mejorar con el tiempo

En estos casos, centrarse solo en “corregir la conducta” suele quedarse corto.


Cómo se mantienen estas dificultades

Las dificultades emocionales y de conducta suelen sostenerse por la interacción de varios factores, entre ellos:

  • baja tolerancia a la frustración
  • dificultad para identificar y expresar emociones
  • impulsividad o respuestas muy rápidas al malestar
  • dinámicas familiares tensas o muy exigentes
  • respuestas del entorno que, sin querer, refuerzan el problema
  • experiencias previas de conflicto, rechazo o inseguridad

A corto plazo, gritar, explotar o evitar puede aliviar. A largo plazo, suele aumentar la intensidad de las reacciones, el sufrimiento y el sentimiento de incomprensión, tanto en el menor como en la familia.


Dificultades emocionales y otros aspectos relacionados

Estas dificultades pueden aparecer junto a:

Por eso, es importante entender qué está pasando en el conjunto de la vida del menor, y no quedarse únicamente en la conducta visible.


¿Cuándo conviene pedir ayuda?

Puede ser buen momento para consultar cuando:

  • las rabietas o estallidos son muy frecuentes o intensos
  • la convivencia se ha vuelto muy tensa
  • hay sensación de ir “apagando fuegos” constantemente
  • el colegio expresa preocupación
  • el malestar afecta a toda la familia
  • sentimos que lo hemos probado todo y nada funciona

Pedir ayuda no significa que el/la menor “tenga un problema grave”, sino que necesita apoyo para aprender a manejar lo que siente.


¿Cómo trabajamos las dificultades emocionales y de conducta en psicoterapia?

El objetivo de la terapia no es “corregir” al menor, sino ayudarle a comprender y regular mejor sus emociones, y acompañar a la familia para que pueda sostener ese proceso de una forma más ajustada y menos desgastante.
En los casos de infancia y adolescencia, el trabajo comienza habitualmente con una primera entrevista con madres y padres, donde recogemos información sobre lo que está ocurriendo, el contexto familiar, escolar y evolutivo, y cómo se están gestionando las dificultades en el día a día.
En las siguientes sesiones conocemos y evaluamos al menor, adaptándonos a su edad y a su manera de expresarse. Este espacio no es solo evaluativo: en muchas ocasiones, el propio vínculo, la comprensión y el sentirse escuchado ya tienen un efecto terapéutico.
Posteriormente realizamos una devolución a la familia, compartiendo lo observado y acordando conjuntamente cómo continuar el trabajo. En función de cada caso, la intervención puede centrarse en el menor, en la familia o en ambos.
En las primeras sesiones trabajamos en:

  • comprender cómo se expresan las emociones y la conducta
  • identificar situaciones y dinámicas que mantienen el problema
  • conocer el contexto familiar, escolar y relacional

A partir de ahí, el trabajo terapéutico se orienta a:

  • mejorar la regulación emocional
  • reducir respuestas impulsivas o desbordadas
  • ampliar recursos para expresar el malestar
  • acompañar a madres y padres en el ajuste de límites y respuestas
  • fortalecer la sensación de seguridad y competencia del menor

El proceso se adapta a la edad, las características del niño, niña o adolescente y a la situación familiar.


Acompañar también es cuidarse

Muchas familias conviven durante mucho tiempo con estas dificultades pensando que “ya madurará” o que es algo que hay que aguantar. Pedir ayuda permite entender mejor lo que está pasando y acompañar de una forma más calmada, ajustada y eficaz.
Si os sentís identificadas o identificados con lo que habéis leído, podéis escribirnos por WhatsApp y solicitar una primera cita. Valoraremos el caso con calma y veremos cómo acompañaros.

El trabajo se desarrolla con rigor, criterio y responsabilidad, integrando experiencia
y formación continua para ajustar cada intervención a la realidad de la persona.

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